“Jehová hace nulo el consejo de las naciones, y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”. Salmos 33:10, 11.{CT 72.1}

Los planes de los constructores de la torre de Babel terminaron en vergüenza y derrota. El monumento de su orgullo sirvió para conmemorar su locura. Pero los hombres siguen hoy el mismo sendero, confiando en ellos mismos y rechazando la ley de Dios. Es el principio que Satanás trató de practicar en el cielo, el mismo que siguió Caín al presentar su ofrenda.{CT 72.2} Hay constructores de torres en nuestros días. Los incrédulos formulan sus teorías sobre supuestas deducciones de la ciencia, y rechazan la palabra revelada de Dios. Pretenden juzgar el gobierno moral de Dios; desprecian su ley y se jactan de la suficiencia de la razón humana. Y, “porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal”.{CT 72.3}

En el mundo que profesa ser cristiano, muchos se alejan de las claras enseñanzas de la Sagrada Escritura y construyen un credo fundado en especulaciones humanas y fábulas agradables; y señalan su torre como una manera de subir al cielo. Los hombres penden admirados de los labios elocuentes, que enseñan que el transgresor no morirá, que la salvación se puede obtener sin obedecer a la ley de Dios. Si los que profesan ser discípulos de Cristo aceptaran las normas de Dios, se unirían entre ellos; pero mientras se ensalce la sabiduría humana sobre la santa Palabra, habrá divisiones y disensiones.{CT 72.4}

La confusión existente entre los credos y sectas contrarias se representa adecuadamente por el término “Babilonia”, que la profecía aplica a las iglesias mundanas de los últimos días.{CT 72.5}

Muchos procuran hacerse un cielo adquiriendo riquezas y poder. “Hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería”, pisotean los derechos humanos, y desprecian la autoridad divina. Podrán los orgullosos ejercer momentáneamente gran poder y tener éxito en todas sus empresas; pero al fin sólo encontrarán desilusión y miseria.{CT 72.6}

El tiempo de la investigación de Dios ha llegado. El Altísimo descenderá para ver lo que los hijos de los hombres han construído. Su poder soberano se revelará; las obras del orgullo humano serán abatidas. “Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de los hombres: desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra”. “Jehová hace nulo el consejo de las gentes, y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 115-116.{CT 72.7}

“Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. Génesis 22:2.{CT 85.1}

En una visión de la noche, en su hogar de Beerseba, cuando tenía ciento veinte años de edad, Abrahán recibió la sorpresiva orden: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. Debía sacrificar a su hijo, su único hijo, el hijo de la promesa. Esa noche Abrahán no pudo descansar. La voz le había hablado sólo a él y sólo él la había escuchado. Dios le había prometido que su nombre se perpetuaría por medio de Isaac, por lo que ésta era una tremenda prueba para su fe. Abrahán se había aferrado a la promesa de un hijo de su esposa Sara y el Señor había cumplido su promesa... Dejó a Ismael fuera del asunto al decir: “Tu único, Isaac”...{CT 85.2}

Dios ya le había dicho que por medio de Isaac su simiente sería como la arena del mar en multitud. Al salir de su tienda hacia la oscuridad de la noche, le pareció escuchar la misma voz divina que lo había llamado cincuenta años atrás a salir de Caldea, que le decía: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia”. ¿Sería posible que la misma voz le ordenara sacrificar a su hijo? El recordó la promesa: “Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada”. ¿No era la voz de un extraño que le ordenaba ofrecer a su hijo en sacrificio? ¿Podía el Señor contradecirse? ¿Habría de cercenar la única esperanza del cumplimiento de la promesa? ¿Quedaría sin su hijo?{CT 85.3}

Pero Abrahán no reflexiona, obedece. Su única esperanza se cifraba en que el Dios que había hecho todas las cosas también resucitara a su hijo de los muertos. El cuchillo se alzó, pero no descendió. Dios habló y dijo: “Es suficiente”. La fe del padre y la sumisión del hijo habían sido plenamente probadas. “Porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único”.{CT 85.4}

La prueba de Abrahán era la más severa que pudo haber tenido cualquier ser humano. Si se hubiera apartado de Dios, jamás se lo habría conocido como el padre de la fe. Si se hubiese desviado del mandato de Dios, el mundo habría perdido su gran ejemplo de fe en Dios y su victoria sobre la incredulidad.{CT 85.5}

Esta lección fue dada con el propósito de que resplandeciera a lo largo de las edades, para que todos aprendieran que no hay nada que sea demasiado precioso para ofrecer a Dios. La confianza en la Palabra divina nos conducirá a ponerla en práctica en nuestra vida.—Carta 110, 1897.{CT 85.6}

Verso del Dia

Provea su información para ser incluido en el envió semanal de nuestro devociónal.
Gracias por su suscripción. Que Dios le bendiga.
COM_PAYPLANS_LOGGER_CRON_START